
Los que me conocéis sabéis que llevo muy mal eso de los personalismos; que por mi forma de ser me cuesta tanto seguir a alguien que incluso me molesta hacer colas para esperar el autobús; que hasta en el colegio se me hacía cuesta arriba aceptar a los profes como "maestros" y más recientemente esa fobia mia a los líderes me ha llevado a poner en solfa el tema de la Fundación El Arte de Vivir (pero esa es otra historia). Con todo esto por delante, he de decir que Vicente Ferrer es un tipo al que no sólo merece la pena conocer sino que es una delicia estar con él. Claro que decir esto de una persona que ha puesto en marcha un proyecto como el suyo y ha conseguido mantenerlo a flote durante 40 años, parece una perogrullada, pero cuantos idiotas hay por estos mundos que con la mitad de lo que ha hecho este hombre ya se creen alguien importante.
El pater, como le llaman muchos en la fundación, por su pasado como jesuita, aunque también tiene un pasado al lado de las tropas republicanas y vaya usted a saber cuantas cosas más, el pater decía, es ya muy mayor, ochenta y muchos años y con tres ataques al corazón muy graves. Se ayuda de un bastón para caminar pero creo que lo que realmente le mantiene en pie es esa fe que él llama certeza. Escuchándole hablar he sentido por primera vez envidia de ese don, como él lo llama, esa certeza de la existencia de Dios que es la que le ha dado fuerzas y le sigue dando el empuje necesario para seguir con esa labor de conseguir la igualdad, el respeto y un futuro digno para los más desfavorecidos. Tengo algún amigo católico entre los que leen este blog que se que estarán poniendo una media sonrisa al leer esto; y también tengo amigos absolutamente descreídos que también estarán esbozando una sonrisa pero con el otro lado de sus labios. A las dos facciones les digo que si hubiera más gente como Vicente habría menos problemas surgidos como consecuencia de la religión pues aunque para él la Divinidad es Dios padre, igual acepta cualquier creencia siempre que esta venga del corazón.De hecho, en las dependencias de la Fundación no ves ningún crucifijo, ni ningún altar hindú, ni ningún símbolo religioso y sin embargo no tengáis la menor duda de que Dios, se llame como se llame, pasa mucho tiempo en la sede del RDT. Y de eso si que tengo certeza, porque he tenido la inmensa suerte de disfrutar de la continua y espontánea risa de Vicente, que con lo más sagrado hace unas risas que nos contagian a todos.
A muchos que se hacen llamar maestros, o gurus o swamis, creo que no les vendría nada mal darse una vuelta por Anantapur y llenarse con las risas y el conocimiento que Vicente tiene de la vida,los seres humanos y el amor por los demás. Y lo que es más importante, Vicente te da eso haciéndote sentir que tú eres lo realmente importante; que él es sólo un pequeño eslabon sin importancia, totalmente prescindible. Esa es la verdadera grandeza, su inmensa humildad.Gracias a Vicente y a todas las personas que están de alguna manera colaborando con algo tan milagroso como la Fundación Vicente Ferrer.
P.D: A los que alguna vez habéis tenido la loca idea de venir a conocer la fundación (ya sabeis a quien os lo digo), no os lo penseis ni un minuto más, hacerlo, sin dudarlo.