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sábado, 6 de diciembre de 2008

TURISTA PRIVILEGIADA


El lunes fue día de turismo, pero un turismo absolutamente de lujo.
Tuve el inmenso honor de conocer Kolkata acompañada por Rabi, pero no en calidad de guía sino en calidad de amigo. Como sabía que no iba a haber forma humana de que me aceptase las rupias que el cobra por dar este servicio, el día anterior y tras duras negociaciones habíamos llegado al acuerdo de que el dinero que debería haberle pagado como guía, se lo daríamos a los curas de Navo Jibon. A los dos nos pareció un buen trato y por eso disfrutamos, aun más, de la excursión por la ciudad.
En primer lugar y como yo me había puesto muy pesada con ello, fuimos a Templo de Kali. Rabi se queja del acoso que sufren los turistas dentro del templo por gente que intenta venderte de casi todo. La verdad es que como yo entré con las manos vacías pués Rabi se quedó fuera con mi mochila, nadie me molestó en absoluto y pude asistir a pujas de enamorados, de mujeres mayores que pedían por sus hijos, de hombres tristes y de hombres santos. Es una de las grandezas de Hinduismo, no sólo te dejan participar de todos sus ritos sino que te agradecen el respeto y en seguida te acogen en sus templos y sus pujas u ofrendas.
A la salida del Templo de Kali y tras un pequeño paseo por callejas llenas de tenderetes llegamos a algo para lo que reconozco que no estaba preparada. A Rabí se le pasó decirme donde íbamos o dado que el lo hace a menudo, no le pareció importante avisarme, pero en cuestión de pocos minutos pase del colorido y bullicio del templo de Kali y sus calles, a la tristeza de La Casa de los Moribundos de Madre Teresa. No me arrepiento de haber entrado, pero sigo sin tener claro si me parece “decente” que dejen entrar a los turistas, que es lo que somos, en un sitio donde lo que tiene que reinar es la privacidad. Lo que desde luego me escandalizó es que me dijeran después que si pides permiso te dejan hacer fotos: inaceptable.

jueves, 4 de diciembre de 2008

NABO JIBON, niños y más niños


El domingo iba a ser un día duro. Duro por la realidad que nos íbamos a encontrar en Nabo Jibon, y duro por el calor que hacía, que unido a la polución que cubre permanentemente Calcuta, por mucho que Rabi diga que no, hace de la supervivencia en esta ciudad una tarea realmente difícil. Robert fue el que nos habló de Nabo Jibon por primera vez. Él había estado allí durante una de sus muchas estancias en Calcuta.Le habíamos hecho la promesa de ir por allí, y una promesa a un amigo hay que cumplirla, si o sí.
Nobo Jibon es un centro para chavales disminuidos psíquicos del que se encargan unos curas de no sé a qué congregación, pero no creo que eso importe. Como era domingo, en la puerta nos íbamos a encontrar con voluntarios que durante el resto de la semana no frecuentan este centro al estar un poco escondido para el voluntariado que conoce más la labor de Madre Teresa. Tengo entendido además que durante la semana no se deja entrar a chicas voluntarios, sólo a chicos.
Los domingos son días de ducha para los chavales del centro y para los niños del barrio, para los cuales, en muchos casos, es la única que ven durante la semana.
Hace tiempo intentaron la experiencia de juntar a los dos grupos de chavales, los del centro y los del barrio, pero parece que la experiencia no funciono todo lo bien que sería esperable y han decidido no volver a arriesgarse. Por eso los chavales juegan separados por un muro aunque eso no impide que alguno de los chicos del barrio en un despiste de los Padres, se cuele para subirse a los destartalados columpios y traer un poco de “normalidad exterior”.
En la puerta te reciben unos chicos del centro, felices por poder la bienvenida a los nuevos amigos y que desde el principio te dejan bien claro que ellos tienen unas responsabilidades que no todos los chicos del centro pueden asumir. Con mjuy buen criterio, las fotos están prohibidas en el centro, pero ante la insistencia de dos amigos, me dejaron tomar una foto de los dos amigos que vinieron a recibirnos.
La tarea de los voluntarios es ayudar a bañar a los chicos y luego jugar con ellos. La mayoría de ellos lo único que quieren es que les prestes atención, abrazarte y darte besos. Es curioso, es exactamente lo mismo que te reclaman “los niños y niñas de fuera”.
Un gigantesco chico de aspecto nórdico, con rastas pelirrojas no para de trotar de un lado a otro con chicos y chicas subidos en sus hombros, a caballito. Fernando, sudando pide a los chicos que le dejen respirar un segundo y ellos se lo toman al pie de la letra;al segundo siguiente tiene a tres chavalillos reclamando su turno. Rabi no puede articular palabra. Parecería que por vivir en Calcuta Rabi debiera estar acostumbrado a estas cosas, pero quien puede acostumbrarse a según que cosas.
Dos niñas se empeñan en ponerme el fular que llevo al cuello en el pelo y es inútil negarse, si quieren algo lo consiguen. Después se pelean con otras niñas reclamándome “como de su propiedad”. Es difícil intentar convencer a estos chicos que hay que compartir, aquí el que no coge lo que hay se queda sin ello y sin embargo y sin proponérselo no paran de darnos lo único que de verdad importa : cariño, razones para volver, sonrisas, risas, esperanza.
Mientras tanto los niños siguen separados: de un lado del muro, escondidos para una realidad que no los puede aceptar, aquellos a los que no conseguimos terminar de entender porque no son como nosotros; a este lado del muro aquellos niños que son tan iguales a nosotros que es dolorosamente incomprensible que les haya tocado una vida tan diferente.
Agotados y después del reparto de las galletas nos despedimos de todos ellos. Y los que se quedan en Calcuta prometen volver. Los que sabemos que nos vamos pronto de Calcuta, también nos prometemos a nosotros mismos volver, una parte de cada uno de nosotros se ha quedado allí entre los ojos de miradas perdidas, entre las piernas cruzadas con posturas imposibles, entre los gritos de auxilio y entre las risas y canciones de nuestros nuevos pequeños amigos. Gracias Nobo Jibon.

A la hora de comer quedamos con María, Víctor, Marga y una chica india para hacer la comida de despedida de los que se vuelven a España. El menú: salmorejo, tortilla de patata y los famosos dulces bengalíes y para beber cerveza india y vino de rioja.
Por la noche, cómo no a tomar el tecito a El Fairlawn.



miércoles, 3 de diciembre de 2008

SEGUNDO DÍA EN KOLKATA


El sábado amaneció con clases de inglés y desayuno incluido. Después de alimentar mente y cuerpo decidimos darle un gusto a nuestro afán consumista y junto con Rabi y Manex nos pusimos a la tarea de conseguir un look indio, versión europeizada para estos dos chicos a los que el destino ha traído a India por unos 3 años. Es decir, nos fuimos a dar una vuelta por Fabindia, la tienda donde antes o después terminamos casi todos los viajeros que no tenemos pretensiones de mochileros. Y ya que tocaba día de compras, mas tarde nos dimos un garbeo por Market street y sus dos mercados, el cubierto y el de la calle. Faltaban todavía unos días para la barbarie de Mumbay, pero en la calle, policías y voluntarios se afanaban en repartir unos folios con indicaciones de lo que debíamos y lo que no debíamos hacer. Era curioso ver que una de las recomendaciones, la última, era no hacer caso a los rumores. ¡Como si eso fuera posible en India!
Para recuperar fuerzas comimos en el KFC en su versión india, es decir pollo frito picante.
Una vez que ya había anochecido, lo que aquí ocurre muy temprano, fuimos a la biblioteca hispano india. Se trata de un pequeño centro en una de las zonas más tranquilas de Calcuta, donde el Sr Diyajyoti Mukhopadhyay se ha empeñado en trasmitir el cariño que siente por España, la cultura española y el idioma español. Es asombroso como un montón de chicos y chicas se afanan por aprender español y te comentan libros y películas con un entusiasmo que es absolutamente contagioso. Te piden que les corrijas los errores al hablar, te preguntan por tu ciudad y sueñan con poder algún día poder ver en persona todo lo que hasta ahora sólo pueden imaginar a partir de lo que leen y de las películas que ven. Saben que aprender español les puede ayudar en su trabajo: traductores, guías, etc, pero esta claro que no es eso lo único que les mueve. Y es que Dibya, el director de la biblioteca contagia a todos con su entusiasmo. Allí dejé todos los CD que Teo me había dado con documentales sobre Andalucía.
Ya tarde y exhaustos nos fuimos a dormir, al día siguiente nos esperaba un día muy especial.

martes, 2 de diciembre de 2008


Se queja Fernando de que no he escrito lo suficiente sobre Calcuta. Hace poco mas de una semana que estuve allí y sin embargo parece que ha trascurrido una eternidad.
60 horas de secuestro en la ciudad de Bombay, que el mundo entero a podido seguir a través de la televisión; el reencuentro con Mate, a quién no veía hace más de 20 años, el zambullirme desde las calles de Calcuta al lujo de un festival de cine internacional en Goa hace que tenga que volver a recolocarme para poder hablar de Calcuta.
Y es que esa es una de las cosas, no se si mala o buena de este viaje a la India: las cosas ocurren tan rápido, tan seguidas, tan sin tregua que hay ocasiones aunque vivo intensamente las situaciones, pero no soy capaz de retenerlo, la realidad se me escapa al segundo siguiente de haber ocurrido. Es un buen aprendizaje para los que empezamos a entender en propia carne que significa eso de vivir el presente al 100%. Sin embargo, sin engancharme al pasado no quiero renunciar a ese placer que significa volver a vivir los momentos ya pasados; con todo lo que eso conlleva de transformación de la realidad. Pero que es más verdad, lo que vivimos o lo que recordamos.

Como creo que ya comenté, empecé a leer la Ciudad de la Alegría el día anterior a mi visita a Calcuta y lo he terminado en el aeropuerto de Goa de vuelta a Bangalore. Es una de las cosas buenas que tiene el que las compañías aéreas te regalen 4 horas de retraso.
Supongo que existe esa Calcuta que describe el libro o algo que se le asemeja aunque también es verdad que puede hablar con gente de Calcuta que no están nada de acuerdo con la imagen que de la ciudad se da en el libro. Claro que teniendo en cuenta la crudeza de las imágenes, a mi tampoco me gustaría que esa fuera la imagen de mi cuidad, ni aunque fuera cierta.
Sin embargo la Calcuta que yo he vivido es otra y es la que me gustaría contar. Como se que hay amigos leyendo esto que tienen su propia experiencia de la ciudad, les ruego que hagan todos los comentarios, acotaciones y críticas que consideren oportuno. Este relato es sólo mi Calcuta y nada más que eso.

Para empezar he de reconocer que Calcuta es una ciudad a la que nunca había tenido deseos de acudir. Las referencias que tenía me ofrecían una imagen de pobreza, tristeza y muerte, que realmente no eran nada apetecibles. Sin embargo, la pasión que Robert alias Paisa, siente por la ciudad y la transformación que en menos de un mes sufrió Fernando respecto a esa ciudad, fueron definitivos para animarme a hacer este viaje. Por ello les estaré eternamente agradecida a ambos. En el caso de Fer, además, he de agradecer su inmensa hospitalidad.

El primer día hicimos una visita rápida pero intensa a una de las calles más famosas y comerciales de Calcuta, Park Street; da igual donde vayas en Calcuta que antes o después pasaras por Park Street. Una calle llena de buenas librerías como Oxford Books donde me encontré por primera vez con todo un personaje de esta ciudad, Rabi Sankar y donde finalmente pude comprar El Principito en inglés para regalárselo a alguien que “cree” que no le gusta leer. Tras dar un paseo por la calle nos fuimos directamente a saborear un delicioso té en el Fairlaw en cuyo jardín coincidimos con Marga y Eduardo. Marga estaba en sus últimos días como voluntaria en Madre Teresa y este primer encuentro tendrá su segunda parte en Febrero delante de una hoguera en un bosque de Lugo celebrando una queimada. Eduardo es un viajero empedernido y al día siguiente intentaría ver algún tigre en la reserva del delta de Bengala. Ya os adelanto que no vio ninguno....
Si tuviera que describir El Fairlawn diría: verde, té, encuentros y comienzo. Verde porque es el color que predomina desde que entras o al menos a si lo recuerdo, té porque esta buenísimo y bien servido, encuentros porque es el punto de reunión de miles de viajeros y locales y comienzo porque fue el principio de una gran amistad con la ciudad.